
El Campesino era un hombre feliz. Vivía solo, en su campo. Todo lo que tenían eran sus cosechas y la tierra. Amaba la tierra. Le gustaba tocar el suelo, sentir como el barro manchaba sus manos. Al final del día, el cosechaba los beneficios de su duro trabajo. Tenía una labor para hacer y sus necesidades estaban satisfechas. Su vida era simple, pero completa.
Un día, otro Campesino se mudo al terreno contiguo al suyo. Este Campesino Enemigo comenzó a plantar cosechas y a vivir de los vegetales que crecían de la tierra. Pero sus cosechas eran distintas a las del Campesino. De algún modo estas cosechas eran más fuertes. Crecían más rápido y se propagaban por la tierra como un rayo.
El Campesino se dio cuenta que sus plantaciones no crecían como antes. Sus plantas eran más débiles y tenían sabor a mierda. Le rezo al sol, le canto al viento, bailo con la lluvia en la esperanza de que un día sus cosechas fueran fuertes otra vez. Pero nunca lo fueron. Con el tiempo, las plantas dejaron de crecer en su terreno. Mientras, las cosechas del Campesino Enemigo crecían con más fuerza que nunca.
El Campesino se conecto con la energía del suelo y trato de conseguir ayuda de los dioses, pero nada servia. Ya no podía trabajar en la tierra. Había perdido todo lo que amaba.
Lloro. Lloro y grito hasta que sus ojos dolieron, hasta que su garganta se lastimo, pidiendo ayuda. Pensó: “Debe ser el Campesino Enemigo. Sus plantas le robaron la vida a mi tierra”. Sabía que tenía que hacer algo, pero no sabia que.
Entonces, algo paso. Vio a una mujer caminando cerca. Estaba buscando a alguien. El la miro y estaba asombrado. Era hermosa, etérea. Usaba una bata púrpura, bajada de los cielos. El la miro y le pregunto: “¿A quien buscas, bella dama?”
Ella le contesto – “Te estoy buscando a ti. Te ayudare en esta hora de desesperanza. Tus cosechas ya no crecen. Tienes un Enemigo. Y necesitas mi ayuda.” El Campesino dijo “Pero le he rezado al Sol, me he contactado con la energía de la Madre Tierra y nada funciona”. “Careces de foco” – le contesto la mujer – “Son las cosechas del Campesino Enemigo. Te están robando lo que te pertenece. Sabes lo que debes hacer”.
Hablaron toda la noche. Al día siguiente, el Campesino fue al terreno del Campesino Enemigo y quemo su cosecha con una antorcha. El calor y su felicidad eran iguales de intensas. Su victoria era absoluta.
El Campesino Enemigo lloro. No entendía que le había pasado. Era un buen hombre. El Campesino le caía bien, quería ayudarlo, y hasta estaba pensando en darle la mitad de su campo para que pudiera trabajar de vuelta. Volvió a su hogar en la más profunda de las tristezas.
Y ahí, vio a la misma mujer que el Campesino vio. “¿Quién eres?”, pregunto. “Soy el ser que planeo tu ruina”, le contesto la mujer. “¿Porque?”, preguntó. Y entonces, ella saco un cuaderno rojo de entre sus ropas.
“Escribe. El Guerrero de las Sombras debe perder todo para encontrarse. Solo después de perder todo lo que tiene, el camino a sus fuerzas ocultas le será revelado. Al darse cuenta que puede vivir sin nada, el no tendrá miedo de ser derrotado. Se volverá indetenible”.
“No entiendo. ¿Qué es un Guerrero de las Sombras?”
“No lo sabes, Campesino Enemigo. Pero lo sabrás. El Guerrero de las Sombras es uno que ha roto todas las ataduras que lo separaban de la gloria. Tu no lo sabes todavía, pero yo te enseñare”
Y entonces, el Campesino Enemigo lo supo. El era un Guerrero de las Sombras. Y el caminaría ese camino. “Enséñame mas….”, pidió.
“Lo haré. Escribe acerca del Guerrero de las Sombras….”